Acabo de imprimir esta especie de reflexión para entregársela a un profesor que me ha generado amor y odio. No tengo claro ni lo que pretendo al llevarle mañana esto. Bueno, sí que lo sé. Es algo así como uno de esos mensajes anónimos (que no va a ser anónimo) que cualquiera desearía recibir porque contiene una serie de ideas y de pensamientos que te remueven por dentro. En este caso quiero que vea que hay esperanza en la sociología, que aunque haya gente que continúa tomándose la carrera como un trámite, una prueba a superar para poder currar de sociólogo/a, todavía quedamos algunos que sentimos la sociología. Que creemos que es una herramienta potentísima de activismo y denuncia de una sociedad injusta. Que si nos centramos únicamente en nuestra mierda académica, no vamos a cambiar nada. Bueno, que me apasiono y me lío. Acostumbrados a la extensión de los artículos de internet, éste se antojará un poco largo, pero merece la pena el esfuerzo de leerlo entero. Aquí dejo el trabajo:
Gonzalo Rodríguez Suárez - Grado
en Sociología
Sociología del Trabajo - Grupo
4.8
La Sociología del Trabajo: Utilidad social y
académica
En
el texto que lleva por título “La sociología del trabajo hoy: La genealogía de
un paradigma”, podemos encontrar una reflexión y síntesis de los momentos clave
en la evolución de esta rama de la sociología desde los años 60 hasta la
actualidad. Desde que en 1962 naciera Quaderni Rossi, se empieza a cuestionar
la división sujeto-objeto en la investigación del trabajo de forma obrera y
sindical. Este primer período acaba con el fin del paradigma tecnológico, para entrar
en profundidad en el estudio directo del proceso de trabajo. De este modo
teniendo como eje la fábrica, se estudian las relaciones de clase dentro de la
misma. Así como las propias relaciones entre trabajadores y en relación a la
fábrica, como sistema y como grupos. Pero sobre todo queda como parte
fundamental a mi entender el tratamiento de los agentes humanos de la fábrica
como sujetos de la propia investigación y no sólo como objetos de la misma. En
la actualidad se hace una reflexión acerca de la capacidad de cambio que ha de
tener la sociología del trabajo para poder adaptarse a la evolución constante
del trabajo.
La
ya mencionada sociología del trabajo italiana de los Quaderni Rossi se definía
por tres puntos, una gran importancia de la difusión y la asunción por parte de
los trabajadores de los resultados, una primacía de la “cientificidad de la
experiencia obrera”, y con el que, a mi juicio, es el punto más importante:
este enfoque de la sociología del trabajo abrió la veda para el encargo de
investigaciones por parte de los sindicatos. Y es éste el tema que me gustaría
tratar en este pequeño ensayo. ¿Para qué sirve y debe servir la sociología? ¿Debe
la sociología servir en algún momento para justificar científicamente un
empeoramiento de las condiciones de trabajo, o más bien para denunciarlas? De
aquí en adelante me gustaría enfocar mi escrito en una reflexión en torno a,
sobre todo, la primera pregunta.
Desde
que comenzamos este curso de la asignatura de Sociología del Trabajo se me
plantea sin descanso esta cuestión de la ética del sociólogo. Como
investigadores sociales, en un futuro podríamos acabar en la tesitura de ser
contratados por una gran empresa para realizar un estudio de las condiciones de
trabajo en uno de sus almacenes. Resulta de sentido común que tendremos que
llevar a cabo el informe de una manera profesional y metodológicamente
coherente. Pero para ello necesitaremos pisar el terreno, ser capaces de ver
cómo desempeñan su labor esos trabajadores y trabajadoras, percibir la forma en
que la jerarquía laboral se manifiesta y cómo les afecta, etc. Esta salida del
plano teórico, necesario por supuesto, permite al sociólogo bajarse de esa nube
de aplicación de teorías de autores del siglo XIX, para recibir una bofetada de
realidad. Es entonces cuando nos daremos cuenta de que las críticas
destructivas y sin base hacia los sindicatos, que se mueven en un discurso
mediático colectivo, de verdad hacen daño a la forma de organización de los
trabajadores y trabajadoras, y merman sus derechos.
El
sociólogo debe bajar a la realidad para describirla, analizarla e interpretarla
con el fin de, con todo ese conocimiento acumulado, proyectar visiones alternativas
a las que ofrecen los medios de masas. El sociólogo debe poder ser capaz de
transmitir tanto a la gente de la calle como a sus compañeros sociólogos todo
lo que ha podido ver con esa mirada de sociólogo. Es por eso importante que no
sólo sea un mero investigador que hace un trabajo de campo excelente y diseña
unas encuestas, o realiza unas entrevistas abiertas, realmente fantásticas. A
los sociólogos se nos pide más, debemos tener una parte de periodistas o
escritores, manejando la retórica para, sin perder la cientificidad de nuestros
conocimientos, hacerlos accesibles también al gran público. De esta forma es
posible que los resultados de una investigación de un año de duración sobre las
condiciones de trabajo de un almacén, habiendo superado escollos burocráticos,
discutido con los responsables de la empresa, y habiendo hecho malabares para
conseguir extraerle parte del discurso a un puñado de trabajadores, lleguen a
la gente de la calle en forma de nota de prensa. Sin embargo, si se hace de
forma atractiva e inteligente se conseguirá que esas personas se interesen por
el tema y de algún modo adquieran parte de ese conocimiento que hemos
producido. Ese conocimiento es información, una información que en ocasiones no
trasciende los círculos académicos, pero que cuando llega al gran público tiene
un impacto transformador. Alberto Melucci hace una reflexión acerca del poder
de la información en nuestros días:
“La imaginación de la gente siempre ha contribuido al futuro, pero hoy
eso es cierto en sentido inequívoco porque lo que pensemos y percibamos en una
sociedad que se basa en la información estará creando las condiciones para un
posible futuro o para el desastre. El conocimiento quizá no es igual a la
acción, pero ya que la información resulta ser el principal recurso en que
confiamos, conocer e imaginar se convierten en formas de construir el mundo.”
Después
de tres años y medio de Carrera he adquirido multitud de conocimientos, he
leído cientos de textos y preparado decenas de exámenes. Creo haber conseguido
interiorizar gran parte de la materia “formal” que se nos ofrece en este Grado,
tales como teorías, enfoques, técnicas de investigación… Pero al final esta
Carrera no es como una ingeniería en la que se aplican conocimientos exactos.
La Sociología es una ciencia de conocimientos inexactos, de contrastes y
debates abiertos como los que hemos tenido este curso en clase, en los que se
aprende mucho más que recibiendo lecciones magistrales y tomando apuntes. La
Sociología es una mirada que una gran mayoría de los profesores nos intentan enseñar
para poder ver el mundo de otra manera y cambiarlo. Y es eso lo más importante
que, a mi juicio, hemos aprendido en esta asignatura y en este Grado. Hemos
aprendido a ver, para analizar y para cambiar. Es cierto que me entristece
percibir en ocasiones un interés por las asignaturas enfocado en simplemente
aprobarlas, o una carencia de mirada crítica que no entiende la voluntad
transformadora que tenemos algunos para con la sociedad en la que estamos
inmersos. A mi entender eso es un triunfo de la neoliberalización de la
enseñanza, en la que se pretende crear futuros profesionales que abandonen la
humildad, para mirar, y simplemente describir, la sociedad desde arriba,
aplicando conocimientos formales y teóricos pero sin ensuciarse las manos.
Los
sociólogos y las sociólogas tenemos la oportunidad y las herramientas para
comprender la sociedad, o al menos alcanzar un conocimiento muy profundo de
ella, y es por esto que tenemos también la responsabilidad de cambiarla. Si
somos capaces de ver las injusticias y las desigualdades de una forma mucho más
clara y científica, tenemos el deber ético, ciudadano y académico incluso, de
denunciarlas y presionar para crear una sociedad un poco más justa. Esto es
aplicable para todas las ramas de esta disciplina, pero aún más para la
Sociología del Trabajo en una sociedad capitalista como la nuestra en la que la
jornada laboral y la forma en que ésta impacta en los trabajadores y
trabajadoras terminan por definir su propia identidad y su vida. La
precariedad, la estigmatización de los trabajos, las relaciones entre
directivos y trabajadores, y la diferencia de salarios entre ellos son temas de
extraordinaria importancia en nuestros días, y los sociólogos y sociólogas
debemos encargarnos de sacarlos a la luz y exponerlos de forma que trasciendan
a la opinión pública y la ciudadanía tenga herramientas científicas para
abordarlos y transformarlos. Si, como se dice en el texto, “a tal trabajo, tal sociología”,
es el momento de ocuparnos de la precarización y la neoliberalización de esa
actividad con la que en teoría deberíamos poder vivir dignamente y autorrealizarnos.
Referencia bibliográfica:
Melucci, Alberto (1998): “La
experiencia individual y los temas globales en una sociedad planetaria”,
Ibarra, P. y Tejerina, B. (eds.): Los
movimientos sociales. Transformaciones políticas y cambio cultural. Madrid:
Ed. Trotta