domingo, 18 de octubre de 2015

Resurgir



Hace poco leí que por muy jodido que uno se pueda encontrar, su esencia siempre se mantiene ahí. Que aunque las nubes cubran el cielo, el Sol sigue estando detrás. Cuando el fango te llega hasta las rodillas piensas que no hay salida, que estás realmente hundido y sin nada a lo que agarrarte. Sólo te queda dejarte llevar y permitirle a la tierra tragarte de la misma forma que ella te trajo al mundo. Igual era tu destino.

Pero yo creo que no.

Cuando el fango ya por fin te llega al cuello, ves un rayo de luz. Una luz que no está fuera, que está en ti. Ese sol empieza a apartar las nubes y a dejarse ver, iluminando todo lo que antes veías oscuro. Y empiezas a moverte en el barro, a apartarlo con las manos, deshaciendote de todo eso que te limitaba y te oprimía, porque tu final no está tan cerca como creías, porque esas cadenas no sólo son exteriores, también están en tu mente. Una mente que te controla y puede contigo, que no te da un respiro porque sólo así sabe que seguirás obedenciéndola. Esos demonios de la noche vienen a visitarte cada más tiempo, porque has decidido que no te van a dominar.

Y el espíritu resurge con toda su fuerza para impregnarte de libertad, amor y autoestima. Y así salir del fango para volar. Volar y resurgir.


martes, 15 de septiembre de 2015

Ya es mañana

Es la 1 y no puedo dormir. He salido a la calle a fumarme un cigarro para intentar relajarme pero es imposible. No para de rondarme la cabeza. Ese pensamiento obsesivo me come por dentro una vez más. Aquí fuera no se oye nada, sólo el papel ardiendo a cada tiro y de vez en cuando un coche que pasa rápido, como quemando la carretera. Me muero de frío, pero es mejor que el calor agobiante y asfixiante de la cama. Mente déjame en paz, déjame descansar, dame un respiro. Déjame vivir y crecer, no me retrases más, quiero salir de ésta, pero sin tu colaboración no puedo.

La bolsa de la papelera que está al lado del banco no deja de moverse, agitada por el viento, ansiosa por salir de la basura, de la mierda, cuando sabe que ella es la que terminará almacenándola. Otra vez me ha vuelto a hablar, a remover por dentro. Se ha caído mi castillo de naipes, la falsa ilusión de una recuperación que va más lenta de lo deseado. No llego a ninguna conclusión, sólo me autodestruyo con pensamientos circulares que no terminan.

Las hojas vuelven a mecerse al viento, como cantándole una canción de cuna a la paloma que se ha caído del árbol. Posiblemente no pueda volar bien, lo ha intentado varias veces y al final ha decidido quedarse a dormir en el alcorque, acurrucada en su miedo sobre esa tierra fría y seca.

Mañana volará de nuevo, esto es sólo un descanso. Una bajada a los infiernos para tomar fuerza y salir.

Mañana se levantará con ganas y motivación para afrontar un nuevo día. Porque no está retrocediendo, está tomando impulso para volar como ninguna otra lo ha hecho jamás.

Espero no encontrarla mañana muerta de frío.

Mañana... (Y salió volando)

jueves, 27 de agosto de 2015

Posiblemente ésta sea una entrada que no debería escribir aqui, que debería guardar en unas hojas de mi cuaderno, pero he decidido que no sea así. La subo como una forma de abrirme en un momento de dolor, que pasará y recordaré como un aprendizaje duro. Sin más aquí va:

Creo que ya he descubierto lo que me está pasando. Mi vida no ha sido dura para nada, pero sí que ha estado falta de cariño, o al menos así lo he sentido yo. Esa carencia de afecto y el no conocerlo me hizo ser, durante mi adolescencia, distante, frío e independiente, pero siempre en busca de ese algo que me faltaba y yo no sabía lo que era. Conocí a Samara, mi primera "novia". Una persona increíble y un poco como yo en lo emocional, con esa frialdad cálida que me enganchó desde el primer momento. Me aportó muchas cosas, fue un comienzo en esto de sentir cariño y aprender a  expresarlo, pero al final ese cariño no era suficiente. Las diferencias en la forma de ver la vida y los problemas personales de ambos fueron separando algo que había estado muy unido, que había sido muy fuerte. La relación se debilitó poco a poco hasta que quedábamos casi por costumbre. No nos llenábamos, nos bloqueábamos el uno al otro por dependencia. Sin embargo cuando lo dejamos lo pasé realmente mal. Había perdido ese cariño que, sin ser algo desmesurado, me tenía enganchado, me hacía sentir a gusto y comprendido, una persona a la que contar las cosas fascinantes que se pasean por mi cabeza, un hombro sobre el que llorar. Ahora lloraba solo, sin ese apoyo emocional que me llenaba de alegría y me hacía ver las cosas con un poco más de luz.

Al mes de terminar la relación volví a hablar con alguien que llevaba años rondando mi cabeza, una persona con la que tenía una conexión extraña y profunda, Susana. Fuimos quedando poco a poco, yo seguía con mi búsqueda de algo que me faltaba y no identificaba, de ese cariño intenso, de ese querer y sentirte querido. Lo que yo no sabía era que me lanzaba a los brazos de la dependencia, ya que el cariño que me iba a proporcionar los siguientes meses era mucho más fuerte y excesivo, con lo que llegaría a dejar de lado a las personas que, aunque quiero, no me aportan un nivel tan alto de afecto. Si bien la teoría feminista me marcó desde un principio con esta relación, intentando el desapego y la voluntariedad de lo que teníamos, el simple hecho de vernos cada día y conectar tan bien, nos hizo crear una relación tóxica, en la que de palabra entendíamos la posible temporalidad de la situación, pero en los hechos eramos una pareja que no quería separarse. A mi todo esto me encantaba, aunque algo dentro de mi me decía que no iba a acabar bien. Susana se aburrió, su inquietud por encontrar algo nuevo, su adicción a la novedad le hizo despegarse de mi poco a poco. Debido a mi carencia de afecto, yo no pude dejar que la relación evolucionara hacia algo menos sentimental, que fuéramos simplemente amigos, pero esa falta de cariño repentina, sumada a lo que yo he sentido como una traición por su parte, me han dejado fuera de juego. Llevo dos meses sintiendo cómo se aleja y cómo se fija en otros tíos en mi cara mientras ella me decía que simplemente estaba confundida, y mi ceguera y mi adicción emocional me impedían ver lo que pasaba.

Es muy difícil para mi ahora pasar de tanto cariño y afecto sin condiciones, a volver a estar solo sin nadie más que yo mismo. Muerto en vida en una sociedad que no me gusta, la comprendo y me da asco, una sensación que se me olvidaba cuando estaba con Susana, y ahora me golpea con un puñetazo directo al estómago. La incomodidad con el mundo, sumada a una ruptura complicada y a un futuro muy borroso, sin nada que hacer, con todo en el aire, me agobia, me produce ansiedad y me bloquea. Y, sinceramente, no sé cómo salir de ésta. Siento que no puedo más, que todo me da igual y nada me merece la pena. Me muevo como una gallina sin su cabeza, sin saber adonde voy, corriendo desesperado y sangrando. Esperando un final próximo que lo solucione todo, que acabe con este sufrimiento. Tengo esa sensación de que ya no quiero saber más de nada, no es que haya tenido nunca muchas ganas de vivir, la verdad, pero es que ahora ya ninguna.

sábado, 22 de agosto de 2015

Asco en la playa

Puta sensación de opresión, tristeza y asco. Me remueve por dentro y me da ganas de vomitar. Esta sociedad enferma no valora nada, todo es físico y sin sentido.

Las zonas turísticas de playa son un buen ejemplo de ello. Teniendo la inmensidad del mar, con el viento fresco y un sol que te calma, la gente se dedica a otras cosas. No aprecian la belleza y la rareza de este mundo, las pequeñas cosas que merecen la pena. Están en la arena borrachos o pensando en qué van a hacer después. Y es que ese es el gran problema, cuando hacemos algo estamos pensando constantemente en lo que haremos después, sin apreciar el instante, sin vivir el momento, preocupados siempre por el luego. O dejándose seducir por esos atractivos carteles del paseo marítimo, esos que pretenden venderte cosas que no utilizarás más, esos que prometen una pequeña porción de felicidad en el consumo. Un consumo también reflejado en la gran cantidad de bares y chiringuitos que inundan la ciudad y atraen a habitantes y turistas hacia la comida en forma de mercancía. Perdiendo el verdadero sentido de ella, la alimentacion para pasar a ser una simple compra de placer instantáneo. Una vez más compramos placer en lugar de extraerlo de las pequeñas cosas que nos rodean.

martes, 18 de agosto de 2015

Ansiedad

Otra noche más de pesadillas, de levantarme en la madrugada sudando y con ansiedad. Voy al baño y me echo agua en la cara, miro el móvil como intentando retrasar el momento de acostarme de nuevo. Me tumbo y le doy la vuelta a la almohada, que está empapada de sudor, impregnada de agobio.

Cierro los ojos, vuelven esos pensamientos, vuelve esa sensación de vacío en el estómago, esos recuerdos, ese anhelo, esa ansiedad, esas ganas de llorar.

Aguanto, me mantengo fuerte y sereno mientras esta rata me come por dentro, mientras desgarra mi interior, mientras me absorbe las energías.

Me duermo, pero me duermo jodido, me duermo con asco y tristeza. Y al levantarme sigo cansado, con malestar e incluso ganas de vomitar.

"Me roba la vida, un poco cada día. Me está comiendo las entrañas"

Un error - Segismundo Toxicómano

martes, 10 de febrero de 2015

Maldito palo

Desde hace unos meses escribo en un cuaderno lo que se me pasa por la cabeza. He abandonado un poco este blog en pos de la inmediatez del bolígrafo y el papel, pero cada cierto tiempo intento subir algo. En esta ocasión es un escribir por escribir una entrada acerca de lo que voy anotando en el cuaderno. Unas veces alucino conmigo mismo y lo ingenioso de mis escritos, y otras veces casi me asusto al día siguiente por lo autodestructivo, caótico y loco de estas entradas.

Últimamente he experimentado ciertas sensaciones y sentimientos a los que antes no les había prestado la suficiente atención. He de confesar que desde que soy pequeño me atormenta un sueño que más bien es una pesadilla:

"Sueño con un espacio blanco y diáfano lleno de cientos o miles de personas que no son más que negras siluetas. Se respira un ambiente tenso en este escenario en el que la gente se divide en dos grupos. Entre ellos hay una especie de palo pequeño, como un libro de alto, que se tambalea. La tensión se incrementa con cada movimiento del palo de madera. El odio entre los dos grupos de personas se puede oler, se siente en la piel y te impregna. No hay motivo para ese odio, simplemente es un enfrentamiento irresoluble y sin razón. Me empieza a agobiar la tensión. El palo se tambalea cada vez más. La gente hace gestos de inquietud y nerviosismo. Se empujan y respiran fuertemente. La ansiedad me va invadiendo poco a poco. Me paraliza. Me ahoga y me hace sudar.

El palo cae. Sin rebotar ni hacer ningún sonido.

Una presión vacía me deja sin aire. Un silencio tenso que dura dos interminables segundos. Me duele el pecho. Los dos grupos de personas corren unos contra otros. No hay ningún sonido. Sólo gestos hechos por siluetas negras. Gestos de un odio infinito, una violencia imposible de frenar, unas carreras desbocadas y ansiosas por la muerte. Los dos grupos se funden en una masa de asesinato. Yo no puedo hacer nada mientras lloro. Simplemente lloro. Y contemplo desesperanzado cómo se matan.

Se matan."

Pues bien, este sueño se repite cada cierto tiempo y me tortura. El otro día escribí lo siguiente en mi cuaderno:

3/2/2015

Tumbado en la cama me pongo de lado. Apoyo mi cabeza en la almohada e introduzco mi mano y mi brazo por debajo de ésta. Cuando hago fuerza con la mano para intentar levantar o sostener mi cabeza, mi mano pierde fuerza. Me recuerda a una pata de pollo. Finita y hundiéndose en la almohada bajo mi cabeza. Me perturba esa falta de fuerza momentánea. Mi corazón palpita rápido y recuerdo el sueño. El horrible sueño del palito generador de guerras.

miércoles, 21 de enero de 2015

Reflexión sobre la Sociología

Acabo de imprimir esta especie de reflexión para entregársela a un profesor que me ha generado amor y odio. No tengo claro ni lo que pretendo al llevarle mañana esto. Bueno, sí que lo sé. Es algo así como uno de esos mensajes anónimos (que no va a ser anónimo) que cualquiera desearía recibir porque contiene una serie de ideas y de pensamientos que te remueven por dentro. En este caso quiero que vea que hay esperanza en la sociología, que aunque haya gente que continúa tomándose la carrera como un trámite, una prueba a superar para poder currar de sociólogo/a, todavía quedamos algunos que sentimos la sociología. Que creemos que es una herramienta potentísima de activismo y denuncia de una sociedad injusta. Que si nos centramos únicamente en nuestra mierda académica, no vamos a cambiar nada. Bueno, que me apasiono y me lío. Acostumbrados a la extensión de los artículos de internet, éste se antojará un poco largo, pero merece la pena el esfuerzo de leerlo entero. Aquí dejo el trabajo:


Gonzalo Rodríguez Suárez - Grado en Sociología
Sociología del Trabajo - Grupo 4.8


La Sociología del Trabajo: Utilidad social y académica
           

            En el texto que lleva por título “La sociología del trabajo hoy: La genealogía de un paradigma”, podemos encontrar una reflexión y síntesis de los momentos clave en la evolución de esta rama de la sociología desde los años 60 hasta la actualidad. Desde que en 1962 naciera Quaderni Rossi, se empieza a cuestionar la división sujeto-objeto en la investigación del trabajo de forma obrera y sindical. Este primer período acaba con el fin del paradigma tecnológico, para entrar en profundidad en el estudio directo del proceso de trabajo. De este modo teniendo como eje la fábrica, se estudian las relaciones de clase dentro de la misma. Así como las propias relaciones entre trabajadores y en relación a la fábrica, como sistema y como grupos. Pero sobre todo queda como parte fundamental a mi entender el tratamiento de los agentes humanos de la fábrica como sujetos de la propia investigación y no sólo como objetos de la misma. En la actualidad se hace una reflexión acerca de la capacidad de cambio que ha de tener la sociología del trabajo para poder adaptarse a la evolución constante del trabajo.

            La ya mencionada sociología del trabajo italiana de los Quaderni Rossi se definía por tres puntos, una gran importancia de la difusión y la asunción por parte de los trabajadores de los resultados, una primacía de la “cientificidad de la experiencia obrera”, y con el que, a mi juicio, es el punto más importante: este enfoque de la sociología del trabajo abrió la veda para el encargo de investigaciones por parte de los sindicatos. Y es éste el tema que me gustaría tratar en este pequeño ensayo. ¿Para qué sirve y debe servir la sociología? ¿Debe la sociología servir en algún momento para justificar científicamente un empeoramiento de las condiciones de trabajo, o más bien para denunciarlas? De aquí en adelante me gustaría enfocar mi escrito en una reflexión en torno a, sobre todo, la primera pregunta.

            Desde que comenzamos este curso de la asignatura de Sociología del Trabajo se me plantea sin descanso esta cuestión de la ética del sociólogo. Como investigadores sociales, en un futuro podríamos acabar en la tesitura de ser contratados por una gran empresa para realizar un estudio de las condiciones de trabajo en uno de sus almacenes. Resulta de sentido común que tendremos que llevar a cabo el informe de una manera profesional y metodológicamente coherente. Pero para ello necesitaremos pisar el terreno, ser capaces de ver cómo desempeñan su labor esos trabajadores y trabajadoras, percibir la forma en que la jerarquía laboral se manifiesta y cómo les afecta, etc. Esta salida del plano teórico, necesario por supuesto, permite al sociólogo bajarse de esa nube de aplicación de teorías de autores del siglo XIX, para recibir una bofetada de realidad. Es entonces cuando nos daremos cuenta de que las críticas destructivas y sin base hacia los sindicatos, que se mueven en un discurso mediático colectivo, de verdad hacen daño a la forma de organización de los trabajadores y trabajadoras, y merman sus derechos.

            El sociólogo debe bajar a la realidad para describirla, analizarla e interpretarla con el fin de, con todo ese conocimiento acumulado, proyectar visiones alternativas a las que ofrecen los medios de masas. El sociólogo debe poder ser capaz de transmitir tanto a la gente de la calle como a sus compañeros sociólogos todo lo que ha podido ver con esa mirada de sociólogo. Es por eso importante que no sólo sea un mero investigador que hace un trabajo de campo excelente y diseña unas encuestas, o realiza unas entrevistas abiertas, realmente fantásticas. A los sociólogos se nos pide más, debemos tener una parte de periodistas o escritores, manejando la retórica para, sin perder la cientificidad de nuestros conocimientos, hacerlos accesibles también al gran público. De esta forma es posible que los resultados de una investigación de un año de duración sobre las condiciones de trabajo de un almacén, habiendo superado escollos burocráticos, discutido con los responsables de la empresa, y habiendo hecho malabares para conseguir extraerle parte del discurso a un puñado de trabajadores, lleguen a la gente de la calle en forma de nota de prensa. Sin embargo, si se hace de forma atractiva e inteligente se conseguirá que esas personas se interesen por el tema y de algún modo adquieran parte de ese conocimiento que hemos producido. Ese conocimiento es información, una información que en ocasiones no trasciende los círculos académicos, pero que cuando llega al gran público tiene un impacto transformador. Alberto Melucci hace una reflexión acerca del poder de la información en nuestros días:

“La imaginación de la gente siempre ha contribuido al futuro, pero hoy eso es cierto en sentido inequívoco porque lo que pensemos y percibamos en una sociedad que se basa en la información estará creando las condiciones para un posible futuro o para el desastre. El conocimiento quizá no es igual a la acción, pero ya que la información resulta ser el principal recurso en que confiamos, conocer e imaginar se convierten en formas de construir el mundo.”

            Después de tres años y medio de Carrera he adquirido multitud de conocimientos, he leído cientos de textos y preparado decenas de exámenes. Creo haber conseguido interiorizar gran parte de la materia “formal” que se nos ofrece en este Grado, tales como teorías, enfoques, técnicas de investigación… Pero al final esta Carrera no es como una ingeniería en la que se aplican conocimientos exactos. La Sociología es una ciencia de conocimientos inexactos, de contrastes y debates abiertos como los que hemos tenido este curso en clase, en los que se aprende mucho más que recibiendo lecciones magistrales y tomando apuntes. La Sociología es una mirada que una gran mayoría de los profesores nos intentan enseñar para poder ver el mundo de otra manera y cambiarlo. Y es eso lo más importante que, a mi juicio, hemos aprendido en esta asignatura y en este Grado. Hemos aprendido a ver, para analizar y para cambiar. Es cierto que me entristece percibir en ocasiones un interés por las asignaturas enfocado en simplemente aprobarlas, o una carencia de mirada crítica que no entiende la voluntad transformadora que tenemos algunos para con la sociedad en la que estamos inmersos. A mi entender eso es un triunfo de la neoliberalización de la enseñanza, en la que se pretende crear futuros profesionales que abandonen la humildad, para mirar, y simplemente describir, la sociedad desde arriba, aplicando conocimientos formales y teóricos pero sin ensuciarse las manos.

            Los sociólogos y las sociólogas tenemos la oportunidad y las herramientas para comprender la sociedad, o al menos alcanzar un conocimiento muy profundo de ella, y es por esto que tenemos también la responsabilidad de cambiarla. Si somos capaces de ver las injusticias y las desigualdades de una forma mucho más clara y científica, tenemos el deber ético, ciudadano y académico incluso, de denunciarlas y presionar para crear una sociedad un poco más justa. Esto es aplicable para todas las ramas de esta disciplina, pero aún más para la Sociología del Trabajo en una sociedad capitalista como la nuestra en la que la jornada laboral y la forma en que ésta impacta en los trabajadores y trabajadoras terminan por definir su propia identidad y su vida. La precariedad, la estigmatización de los trabajos, las relaciones entre directivos y trabajadores, y la diferencia de salarios entre ellos son temas de extraordinaria importancia en nuestros días, y los sociólogos y sociólogas debemos encargarnos de sacarlos a la luz y exponerlos de forma que trasciendan a la opinión pública y la ciudadanía tenga herramientas científicas para abordarlos y transformarlos. Si, como se dice en el texto, “a tal trabajo, tal sociología”, es el momento de ocuparnos de la precarización y la neoliberalización de esa actividad con la que en teoría deberíamos poder vivir dignamente y autorrealizarnos.

Referencia bibliográfica:


Melucci, Alberto (1998): “La experiencia individual y los temas globales en una sociedad planetaria”, Ibarra, P. y Tejerina, B. (eds.): Los movimientos sociales. Transformaciones políticas y cambio cultural. Madrid: Ed. Trotta