Tras vivir en una situación cómoda, con los pilares del día a día asentados de tal forma que parecen inamovibles, hay algo que cambia. Ese cambio puede no parecer gran cosa a ojos extraños, pero a los propios ha resultado ser el revulsivo que necesitaba. No tengo claro si considero que han sido años perdidos (creo que hay que ser muy ignorante o estar algo dolido para verlo así), lo que sí tengo claro es que era el cambio que necesitaba. Estoy redescubriendo la incomodidad como situación constante. El no dar nada por sentado y buscar lo que quieres. Y me gusta
De algún modo la vida me recuerda a un viaje en tren. Hay una serie de recomendaciones que son las que establecen los mejores horarios para llegar al destino, los transbordos más beneficiosos en las distintas estaciones, y los asientos en los que acomodarse. En el mejor de los casos, la persona puede comprarse los mejores billetes y realizar el viaje de la forma más cómoda posible. Sin embargo estas personas son una parte aburrida y mínima del total de viajeros. La mayoría siguen las recomendaciones con resultados dispares, unos cogen los mejores horarios pero tienen que sentarse en asientos incómodos, mientras otros eligen los trenes de mayor calidad pero haciendo un trayecto más lento y con más paradas. Por último hay un tercer tipo de persona, son aquellas que no atienden a las recomendaciones de viaje, ya sea porque no pueden permitírselo o porque simplemente no quieren. Nunca me ha gustado atender a las recomendaciones, ya que suponen una limitación de la creatividad, contaminan los pensamientos y las ideas básicas con convencionalismos subjetivos. Sin embargo, la curiosidad me pudo y escuché esos consejos, apartándome de mi forma de viajar hasta el momento. Es muy cierto que la comodidad que te proporciona el hacer lo que se supone que se debe hacer es verdaderamente placentera, pero es a costa de dejar de lado tus propias ideas de cómo se debe viajar. Esa comodidad te atrapa y, en mi caso, no ha sido hasta que el tren se ha averiado, que me he dado cuenta de que no estaba eligiendo. Ahora intento recordar cómo viajaba antes, y plantear nuevas formas de hacer el trayecto. Si eliges escoger horarios raros y asientos inesperados, conoces gente diferente. Gente que no busca el camino fácil para llegar de la forma más pasiva a su destino, sino que lo único que quiere es disfrutar del viaje. Disfrutar del viaje.
Releyendo un post antiguo me doy cuenta de lo equivocado que estaba hace unos años cuando lo escribí. Me refiero a la entrada acerca de la huelga de basuras. Está escrito desde una serie de valores faltos de experiencia. No voy a borrarlo, ya que es parte de mi evolución. Ahora pienso que la huelga dignifica a las personas, y hace falta valor para plantearla, ya que el que sale a la calle y se juega el curro, preferiría no tener que hacerlo.
Me encanta la metáfora utilizada sobre los trenes y la vida. Nunca lo había relacionado de esa forma, y es muy muy original.
ResponderEliminar(Siempre es: no dejes pasar ese tren; si pierdes uno: llegará otro... tren como forma de medir relaciones, no como forma de vida. Me encanta).
Nunca me ha gustado atender a las recomendaciones, ya que suponen una limitación de la creatividad, contaminan los pensamientos y las ideas básicas con convencionalismos subjetivos.