"Demasiado bien lo comprendo, y lo mismo tu aversión a la política, tu tristeza por la palabrería y el irresponsable hacer que hacemos de los partidos y de la Prensa, tu desesperación por la guerra, por la pasada y por la venidera, por la manera cómo hoy se piensa, se lee, se construye, se hace música, se celebran fiestas, se promueve la cultura. Tienes razón lobo estepario, mil veces razón, y, sin embargo, has de sucumbir. Para este mundo sencillo de hoy, cómodo y satisfecho con tan poco, eres tú demasiado exigente y hambriento; el mundo te rechaza, tienes para él una dimensión más. El que hoy quiera vivir y alegrarse de su vida, no ha de ser un hombre como tú ni como yo. El que en lugar de chinchín exija música, en lugar de placer alegría, en lugar de dinero alma, en vez de loca actividad verdadero trabajo, en vez de jugueteo pura pasión, para ése no es hogar este bonito mundo que padecemos..."
El Lobo Estepario - Hermann Hesse
Este final de verano alguien me descubrió un libro que va camino de convertirse en uno de esos que te dejan marcado, El Lobo Estepario. A cada página que leo me es más difícil no establecer un paralelismo entre el protagonista de la novela, Harry Haller, y yo mismo. Las reflexiones autodestructivas y algo pesimistas que describe el lobo me hacen ver el libro casi más como un texto de autoayuda que como una novela al uso. Simplemente me encanta poder ver plasmado con palabras los sentimientos, pensamientos y sensaciones que yo llevo teniendo desde hace muchos años. Sin embargo hay algo que me perturba de la novela, y ocurre en el momento en que entra a escena un segundo personaje, Armanda. La chica, que es la que dice el párrafo con el que abro la entrada, es una especie de contrapunto de Harry. Alguien que le comprende hasta tal punto que entiende que existe una conexión diferente entre ambos. Esta relación especial, bonita y a la vez extraña, no puedo evitar ligarla con la que yo mismo comparto con la persona que me recomendó este libro. Ya hablamos hace tiempo de que compartir (...)
No he podido terminar la entrada porque me he tenido que levantar del ordenador y he tardado más de una hora en volver. Para cuando he llegado ya no me acordaba de lo que habíamos hablado de compartir. Ahora lo leo y me parece realmente frustrante no saber qué quería decir, pero he pensado que lo que había escrito merecía la pena publicarlo así que ahí va.
Sí, yo también quiero leerme ese libro. Creo que yo también puedo ser ese lobo estepario (o quizá no), pero eso tendré que averiguarlo yo sola. Gracias por ser tú (en mi caso) el nexo de unión con este libro.
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